Cómo «piernas y patas» terminaron convertidas en un plato de «Tote Oma»

Hoy es el Día Internacional de la Traducción, una fecha clave para recordar que la literatura no cruza fronteras únicamente cambiando palabras de un idioma a otro. Traducir una novela a otra lengua es, en realidad, un trabajo de reconstrucción cultural, un encaje de bolillos donde la fidelidad literal a veces debe ceder el paso a la fidelidad del sentido, del humor y de la emoción. Trasladar la atmósfera, la idiosincrasia y el contexto histórico de una obra sin que la historia pierda su alma en el camino es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos los autores.
El día que unas «patitas» provocaron un cortocircuito en Alemania
A la hora de llevar Soy GRANDE al alemán como Ich bin GROSS, fui consciente de que la lengua española está llena de matices cómicos imposibles de calcar. En el libro original, el tío Ángel cuenta en su peluquería anécdotas rocambolescas a los clientes. Una de ellas relataba cómo, paseando con el padre de su novia por un arado para pedirle la mano de su hija, el chico tropezó y cayó al suelo. El suegro, un hombre algo rudo, le preguntó: «¿Qué te has herío, las patitas de comer o las patitas de andar?». En español la gracia es inmediata: el vocabulario degrada humorísticamente al muchacho al nivel de un animal, reservando «piernas» para las personas y «patas» (con el diminutivo cariñoso «-itas») para los animales o las cosas. Pero en alemán no existe esa distinción de raíz: todo es «Bein».
Al traducir literalmente la escena, mi lectora cero en Alemania, Nancy, sufrió un verdadero «cortocircuito mental». La comicidad se evaporó por completo y la historia perdió todo su sentido. ¿La solución? En lugar de forzar un juego lingüístico intraducible, sustituí el paseo por el arado por una comida frente a un plato de Tote Oma («abuela muerta»), una especialidad típica de Brandeburgo a base de sangre de cerdo, patatas cocidas (o en puré) y chucrut, que destaca tanto por su peculiar nombre como por su aspecto. Así, logré mantener intacta la carga cómica y el dinamismo de la escena adaptándola a la referencia cultural de los lectores alemanes.

Cuando los nombres propios necesitan libro de instrucciones
El idioma no fue el único obstáculo; la propia antroponimia española jugó sus malas pasadas. La mayoría de los capítulos de la novela llevan por título nombres de personas. Para un lector hispanohablante es evidente, pero, en alemán, eso provocó bastante confusión.
En español, muchos nombres propios coinciden exactamente con palabras comunes o sensaciones: Concha, Soledad, Dolores... Al leer los títulos, los lectores alemanes no sabían si se encontraban ante un concepto abstracto, un objeto o el nombre de un personaje.
Para resolverlo, decidí incorporar un glosario al final de Ich bin GROSS. En él no solo se aclara de forma breve cada uno de estos términos y nombres, sino que se contextualizan costumbres tan típicamente españolas como las doce uvas de Nochevieja, platos tradicionales de nuestra gastronomía y referencias a personajes históricos clave del periodo en el que se desarrolla la trama (entre 1960 y 2020).
Calurosa acogida en la Zentralbibliothek de Dresden
Todo este esfuerzo de adaptación cultural ha dado sus frutos. Recientemente presenté Ich bin GROSS al público alemán en un encuentro de lectura en la Zentralbibliothek de Dresden, donde pude comprobar de primera mano el gran interés y las preguntas de los asistentes. Ver cómo los lectores conectan con la historia, comprenden el trasfondo y disfrutan del libro en su propia lengua es la confirmación de que cada cambio y cada nota del glosario merecieron la pena.
Nuevos retos en el horizonte: STANDING TALL y Cuentos en modo avión
Con la lección bien aprendida, ya me encuentro inmersa en la traducción al inglés de esta novela. Las diferencias culturales y de mercado en el ámbito anglosajón son tan marcadas que los ajustes han comenzado desde la misma portada: la traducción literal quedaba totalmente desencajada debido al juego de palabras, por lo que el título pasará a ser STANDING TALL. Incluso el diseño es diferente para cada edición, teniendo en cuenta los gustos y tendencias de cada mercado.
Y el viaje internacional no acaba aquí. Actualmente también se encuentran en fase de traducción al alemán y al inglés los relatos de mi colección Cuentos en modo avión, listos para seguir acortando distancias entre culturas a través de las letras.
Y tú, ¿has leído alguna vez un libro traducido en el que una expresión o choque cultural te dejara descolocado? Me encantará leer tus opiniones e impresiones en los comentarios.




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