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Poder Magenta


El color del destino: raíces, símbolos y literatura.


Nacer un día determinado de la semana puede ser una simple coincidencia matemática o, según la cultura en la que se mire, una declaración de intenciones del destino.

En un reciente viaje a Bangkok, me llamó la atención que toda la decoración relacionada con el rey (flores, guirnaldas, telas, etc.) era de color amarillo; mientras que todos los complementos que engalanaban las fotografías de la reina eran de color violeta. Pregunté al guía turístico, quien me ofreció la explicación: En Tailandia existe una tradición arraigada en la astrología védica que asigna un color específico a cada día de la semana. No es un detalle decorativo; representa la energía de la deidad que protege ese día y, por extensión, moldea la esencia de quienes nacen bajo su influjo.


Para los curiosos, este es el mapa cromático de la tradición tailandesa:

  • Lunes: Amarillo

  • Martes: Rosa / Magenta

  • Miércoles: Verde

  • Jueves: Naranja

  • Viernes: Azul / Celeste

  • Sábado: Púrpura / Morado / Violeta

  • Domingo: Rojo


A mí me tocó el martes: un rosa intenso, de camino hacia el magenta. Y mi armario, sin saberlo, sin una sola prenda que pudiese marcar mi destino.

Durante mucho tiempo consideré los colores como elecciones meramente estéticas.

Sin embargo, con los años y la madurez literaria, una comprende que los símbolos no se eligen por azar; se reconocen. Lejos de supersticiones, decidí probar la teoría tailandesa y descubrí que, realmente, ese color me otorgaba una energía desconocida. Es un color que no pide permiso para existir, pero que tampoco necesita gritar para imponer su presencia. Un color que empodera.

Ahora miro el mundo a través de estas gafas magenta que ilustran el artículo. No es una elección caprichosa para llamar la atención en una red social. Para mí, este color representa un punto de equilibrio cromático y vital: la fuerza pasional del rojo contenida por la profundidad fría del azul.

Esa misma lógica es la que aplico a la arquitectura de mis obras. La literatura no puede ser plana, pero tampoco un festival de fuegos artificiales vacíos. Necesita contrastes. En un entorno narrativo dominado a veces por la sobriedad del negro o la neutralidad del gris (fundamentales para dar atmósfera y crudeza), el magenta actúa como el resquicio de identidad que se niega a diluirse. Es el símbolo de la búsqueda personal, el destello de resistencia psicológica de un personaje frente a un entorno hostil.

Y, precisamente por ello, es el color de mi firma.

La identidad, al fin y al cabo, consiste en eso: en descubrir qué elementos nos pertenecen por derecho propio y cuáles decidimos adoptar para mirar la realidad.


Y tú, ¿conoces el día de la semana en que naciste? ¿Dejas que los símbolos y los colores guíen la construcción de tu propia identidad o crees que todo se reduce a una simple coincidencia?

Te leo en los comentarios.

 
 
 

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