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SONRISAS INVISIBLES: Crónica de un proceso creativo.

La realidad de la autoedición

Escribir una novela es solo el principio de un viaje largo, a menudo solitario y profundamente exigente. Publicar de forma independiente implica asumir un rol multifacético que va mucho más allá de las palabras: hay que gestionar el diseño, la maquetación, la promoción y cada detalle técnico. Todo ello para acabar percibiendo una cantidad mínima en concepto de royalties. Quienes nos dedicamos a esto en cuerpo y alma lo hacemos por pura vocación, conscientes de que vivir de la literatura es un camino arduo, pero con el consuelo de que la verdadera riqueza reside en llegar al corazón de los lectores.

Hoy quiero compartir con vosotros las entrañas de cómo nació y evolucionó mi novela Sonrisas invisibles, un proyecto marcado por el confinamiento, los cambios vitales y la incansable búsqueda de su identidad visual.

 

Del encierro de 2020 a una coedición que no funcionó

Sonrisas invisibles nació durante el confinamiento del año 2020. La pérdida de mi empleo y el encierro obligatorio fueron el detonante para despertar mí la necesidad de plasmar en el papel lo que estábamos viviendo. Escrita con la urgencia del momento, en caliente, reflejaba una época de incertidumbre colectiva. Tres años después, decidí que era el momento de sacarla a la luz. La envié a varios certámenes, contacté con editoriales, hablé con libreros sobre el mejor canal de venta, e incluso pagué casi 500€ a una afamada asesora literaria por un informe de lectura, que bien podía haber escrito uno de mis alumnos. Calificó mi novela con un 7/10 a nivel comercial. Le pregunté cuál era el próximo paso y desapareció. Esta experiencia me llevó a publicarla en formato de coedición. La editorial, previo pago, se limitó a colocarla digitalmente en diversos canales de venta por todo el mundo. No hubo acciones de marketing por su parte. Como resultado, sólo se vendieron unos pocos ejemplares gracias a mi labor de promoción off-line. Poco después, mis circunstancias personales me obligaron a paralizar temporalmente mi faceta literaria y emprender una nueva etapa con mi traslado a Alemania.


 

La reescritura de mis obras y el laberinto de la portada definitiva

Con la perspectiva que dan la distancia y la madurez, en 2026 decidí retomar la publicación de mis dos novelas. Pasaron por un profundo proceso de revisión y corrección. La primera, Soy GRANDE, ganó profundidad y 120 páginas al darle voz a personajes que pasaban de puntillas y que, de pronto, reclamaban más atención. Sonrisas invisibles sufrió algunas modificaciones; principalmente, a nivel de ortotipografía —escribir el guion de diálogo correcto, uso de comillas, cursivas, etc.—, detalles que, la primera vez, inexperta y en caliente, no supe ver. Pero actualizar la obra exigía también mudar su piel para adaptarla a las tendencias actuales. Aquí comenzó una auténtica odisea de diseño.

Trabajando un día hasta las cuatro de la madrugada, creí haber encontrado la clave. Horas antes ya había adelantado parte de ese diseño en la web y en la última toma del tráiler cinematográfico que he preparado para la novela. Sin embargo, la intuición no fallaba: algo no iba bien. Aunque la idea general era sugerente, el diseño despistaba sobre el contenido real del libro. Mi composición, realizada en el tono magenta que me caracteriza —mi color corporativo, el de mis gafas, cuya historia ya compartí en otro artículo del blog—, quedaba como una mancha ilegible que emborronaba la composición. Al intentar solucionarlo cambiando a una tipografía de palo, la portada perdió toda su fuerza e intensidad.

Tuve que descartarla y empezar de nuevo. Durante horas experimenté con la inteligencia artificial —¡bendita sea para quienes no sabemos dibujar! — diversas pruebas visuales: la figura de una doctora derrotada, composiciones de ciudades partidas en horizontal, un coche en un desierto arriba y una ambulancia nocturna abajo... Finalmente di con la clave: la portada definitiva muestra a un hombre y una mujer dándose la espalda en una zona desértica, separados por una enorme grieta en el suelo que fractura el paisaje; una imagen que representa la ruptura y el viaje interior de los protagonistas.

 

¿Una novela con BSO?

Pues sí. Esta novela contiene música. Un día, antes de ponerme a escribir, me levanté creativa y, sin pensar en las consecuencias, pensé «voy a incluir una banda sonora en esta historia, como en las películas». La idea encajaba perfectamente en la trama. No quedaba forzada. Bien al contrario, las piezas musicales suponían una nueva experiencia para los lectores, intensificando la emoción de algunos momentos, haciéndolos sumergirse en la trama. Pero, lo que a nivel de concepto funcionaba de maravilla, derivó en un problema técnico inesperado que salió a la luz con la reedición. Una de mis lectoras cero me dijo: “Lo de la música está muy bien. Pero yo leo a ratitos, en un descanso en el trabajo, cuando espero turno en algún sitio, o en el transporte público. Si tengo que parar a buscar cada canción, no me da tiempo”. Esta afirmación tan rotunda me obligó a buscar una solución práctica para ponérselo fácil a mis lectores: un código QR conectado a una playlist con las canciones en orden de aparición. De esta forma, el lector sólo tiene que acceder al contenido del enlace y reproducir el siguiente tema.


 La versión E-book: los problemas crecen

¡Otro dolor de cabeza! Esta novela tiene una particularidad. Hay dos narradores. El primero cuenta la historia en tercera persona. El segundo, rompe la cuarta pared para interactuar directamente con los lectores. Para distinguirlos, en el manuscrito usé dos tipografías diferentes. Pero, al pasar el texto a la versión E-book… ¡sorpresa! Todos los textos se veían iguales, sin distinción entre narradores. Así que tuve que poner las neuronas a trabajar hasta dar con una solución limpia. La que encontré tenía tanta fuerza que decidí aplicarla también a la versión en papel: un icono, una silueta pequeñita de un hombre delante de cada texto de este narrador «extra». No hay duda de que los problemas llegan a nosotros para hacernos mejorar.

 

Vocación frente al algoritmo: el verdadero motor de la literatura independiente

Este periplo es solo una muestra de lo que hay detrás de un lanzamiento independiente. El lector suele ver el resultado final, pero ignora los desvelos de madrugada, las pruebas descartadas y la gestión integral de un producto cultural.

Escribir, corregir, diseñar, maquetar y promocionar forman parte de una maquinaria pesada que puede resultar agotadora. Si alguien se embarca en esta aventura, es por pura vocación. La verdadera recompensa no son los royalties sino conectar de verdad con los lectores y que tu historia atraviese su corazón. Sin embargo, el camino para llegar hasta ellos es cada vez más difícil.

Me pregunto qué sería de los grandes clásicos de la Literatura Universal si tuvieran que enfrentarse hoy al mercado actual y publicar sus obras bajo todos estos requisitos extra. ¿Habrían sobrevivido al algoritmo? ¿Habrían pasado Cervantes, Shakespeare, Jane Austen, Dostoievski y tantos otros el filtro de los Booktokers?


Os leo en los comentarios.



 
 
 

1 comentario


Me ha gustado leer tu periplo. Muchas suerte.

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