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Soy GRANDE: Cuando los personajes toman el control

El fantasma de la huella digital y el aprendizaje del error

Escribir y publicar a lo loco tiene un precio, y a veces la factura digital es de por sí pesada. En 2023, tras acabar una novela que había nacido de forma visceral, cometí el error de lanzarla con una editorial de coedición que no funcionó, con una portada poco estudiada y un contenido falto de miradas críticas. Aquella edición apresurada, fruto de la inexperiencia y de no contar con un buen asesoramiento, dejó una huella digital en los buscadores que todavía hoy me persigue en forma de libros que ya no me representan. Las consecuencias de arrastrar ese pasado editorial son reales, y parte de mi trabajo actual consiste en lidiar con ello, reivindicando la obra tal y como debió nacer desde el principio. Porque la autoedición y la publicación independiente exigen rigor, y aprender de esos tropiezos es el primer paso para hacer las cosas bien.


Cuando los personajes te hablan (y te roban 120 páginas)

Soy GRANDE nació de una necesidad urgente de contar una historia y dar visibilidad a los más desfavorecidos. Salió de golpe, como un parto prematuro y sin los filtros necesarios: sin una correcta revisión ortotipográfica —en aquellos tiempos yo ni siquiera sabía dónde encontrar el guion de diálogo correcto—, sin corrección de estilo y sin pasar por lectores cero. Pero lo más curioso del proceso creativo es que los personajes cobran vida propia. En este caso, algunos que en principio pasaban de puntillas por la trama empezaron a reclamar su espacio, exigiendo más protagonismo. ¿El resultado? Ciento veinte páginas más de tramas paralelas que enriquecieron y dieron profundidad a la novela, pero que también abrieron la caja de Pandora y me obligaron a reescribir diálogos y a eliminar, añadir o modificar escenas.


El peligro de los enredos temporales y el papel de los «lectores cero»

Y ahí es donde me metí en un auténtico berenjenal. Por querer dar voz a esos personajes que reclamaban su protagonismo, comencé a enredarme con las fechas, creando un caos de rácord que no cuadraba por ningún lado. Fue necesario replantear la estructura, crear nuevos personajes de apoyo y reescribir diálogos enteros para que la maquinaria narrativa funcionara sin fisuras. Es exactamente en este punto donde el papel de los lectores cero se vuelve vital. Plantearles dudas sobre la trama, someter el manuscrito a su mirada crítica y dejar que detecten los fallos de continuidad que a una misma se le escapan tras tantas horas frente a la pantalla es lo que salva una novela del naufragio.


El resultado de un trabajo bien hecho

Esta vez sí. Con tiempo, dedicación, incontables horas de trabajo y el filtro riguroso que la historia merecía, Soy GRANDE es por fin una novela consistente, redonda y dotada de ese estilo literario inconfundible que busco en cada proyecto. Aquella semilla que nació de la pasión y de la urgencia social se ha convertido, tras un largo proceso de maduración y corrección, en la obra sólida que los lectores merecen encontrar en sus manos.


La novela es, en su esencia, un grito de humanidad, una mirada sincera a lo que denominamos «discapacidad» y una invitación a mirar más allá de nuestras propias burbujas.

Hoy, con la perspectiva que dan los años y la experiencia, por fin tiene la forma que merecía.


Te invito a descubrirla y a dejarte atravesar por su historia.

 
 
 

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